“A fondo antiguo, bibliotecarias modernas”: 25 años de la inauguración de la Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla (UCM)

El día 6 de marzo asistimos, en representación de nuestra Biblioteca, a la Jornada 25 años de la inauguración de la Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla. UCM, que se celebraba en el auditorio de su sede en Noviciado.

La jornada comenzó con la presentación institucional, con intervenciones del Director del Centro, Juan Manuel Lizarraga Echaide, del Director del Servicio de Bibliotecas, Antonio Moreno Cañizares, de Joaquín Goyache Goñi, Rector de la UCM y de Lucía de Juan Ferré e Isabel María García Fernández Vicerrectoras de Investigación y cultura.

Continuó con una deliciosa apertura en la que la Dra. Elisa Ruiz García, catedrática emérita de paleografía y especialista en manuscritos, nos hizo reflexionar sobre la historia y la búsqueda del saber.

Tras un breve video, en el que se recuperaban reportaje y noticia de la inauguración, lleno de imágenes y protagonistas que a muchos presentes traían memorias, risas y exclamaciones, Juan Manuel Lizarraga, actual director, presentó a Marta Torres Santo Domingo, quien como antigua directora y artífice del proyecto, supo transmitirnos con emoción, cómo el personal del servicio de Bibliotecas, fue capaz de revertir la situación desastrosa de los fondos (cerraduras de papel, humedades, espacios inadecuados, libros dispersos, políticas de centros…) en un proyecto de referencia.

La exposición supo además transmitirnos no solo las sensibilidades, anécdotas, recuerdos de protagonistas, sino el enorme trabajo de planificación, política, contactos, debates, oposiciones y oportunidades que supuso el proyecto. Con un recuerdo a sus “maestros”, especialmente a Manuel Sánchez Mariana (de quien, a través de ella tomamos el título de este post), compañeras y autoridades dejó claro que un proyecto como aquel precisaba de la oportunidad, de los recursos, de saber llamar la atención de los responsables de las instituciones y administración, de reconocerse los profesionales como parte de un servicio único para ser capaces de en común integrar todo en un solo discurso y estrategia. De reunir tanto las cabezas capaces de plantearlo, como las capaces de darle la forma, aparato técnico y formal necesario para que comenzase a circular en ciclos de previsión y ejecución en el – por veces lento y complicado – mundo institucional.

Javier de Jorge García-Reyes y Mercedes Cabello Martín, a través ambos de su dilatada trayectoria profesional nos supieron guiar, cada uno en su estilo, ameno y profesional, por los intrincados detalles técnicos e importancia de la revisión, la planificación y reforma de estructuras y de los sistemas y proyectos relativos a los procesos técnicos y desarrollos que permiten el acceso a los contenidos.

Después de un café ofrecido por los patrocinadores, también repleto de saludos y conversaciones, asistimos a tres conferencias monográficas de gran interés: la Dra. Helena Carvajal González, en su experiencia como becaria de digitalización, profesional, docente e investigadora, nos supo transmitir lo que supuso y supone para ella la Biblioteca y el personal de ella, como espacio de aprendizaje, puertas al conocimiento especializado, asesores y espacio vivo de investigación y docencia. Javier Tacón Clavaín, con su humor y dilatada trayectoria nos ilustró los «25 años del “Taller”» logros, dificultades, problemas, reivindicaciones, experiencias en restauración y conservación sobre un espacio y trabajo que se ha conformado como un referente internacional. Y Juan Manuel Lizarraga Echaide, cerró las intervenciones presentando en esquema la realidad, trabajos, vinculación en la estructura de la UCM, realidad, colecciones, proyectos en andamiento y a futuro.

Cerró el acto Antonio Moreno Cañizares, Director de la Biblioteca Complutense, resumiendo las intervenciones y agradeciendo a sus compañeros por el gran valor de las jornadas, y por el ejemplo de este proyecto, especialmente en unos tiempos difíciles, de restricciones e incomprensión para con las Universidades públicas.

Hemos disfrutado de una jornada que ha ilustrado con ejemplos la trayectoria de la Biblioteca Histórica de la UCM en estos 25 años: los trabajos de conservación y restauración del fondo bibliográfico y documental, el desarrollo e incremento de las colecciones bibliográficas, así como los proyectos de descripción, digitalización y difusión emprendidos en estos años.

Nos hemos sentido bien, escuchando a nuestras colegas, atendiendo a sus esfuerzos, empeño, frustraciones y experiencias, que nos son comunes. La alta formación, especialización, meticulosidad, energía y profesionalidad del personal que trabaja, por sino o más bien vocación, con el fondo antiguo es algo que quedó patente en todas las intervenciones e incluso a la hora del café. Y que se transmite entre los profesionales de la documentación que trabajamos en fondo antiguo, en forma de un diálogo permanente, gremial, repleto de entusiasmo bibliográfico y humor.

Se han desplegado, poliédricas, las líneas de un ambicioso proyecto que tenía como objetivo la centralización de los fondos antiguos repartidos en las distintas bibliotecas de la Universidad Complutense de Madrid. Tras varios años de trabajo, ardua diplomacia y empeño, esta antigua aspiración bibliotecaria se materializó, por un lado, en la rehabilitación y acondicionamiento del antiguo pabellón Marqués de Valdecilla, que se acometió entre 1996 y 1999 y, por otro, en el acuerdo de la Junta de Gobierno de la Universidad de 20 de diciembre de 1999, que acordó el traslado de todos los libros antiguos a la recién creada Biblioteca, empresa que se realizó a lo largo del año 2000.

Desde la Biblioteca histórica de la UVa queremos destacar este modelo y experiencia que pone en valor el complejo proceso de creación de un proyecto innovador que buscaba una gestión integral del Patrimonio Bibliográfico Complutense englobando en una nueva biblioteca su conservación, descripción, proceso y difusión.

El ejemplo de la Complutense y la solución de aprovechamiento de recursos patrimoniales dispersos convertidos en una biblioteca referente (por sus fondos reunidos y trabajo sobre ellos) pueden ser un buen modelo a seguir para la UVa.

Multa renascentur quae iam cecidere…

(Horacio, Ars poética. 70)

Quinti Horatii Flacci Opera; vol II; London : aeneis tabulis incidit Iohannes Pine, 1737 .- U/Bc 03390

El Arte para ligeramente saber la lengua arábiga y Vocabulista arábigo en letra castellana (1505)

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Entrando la primavera de 1505 Juan Varela de Salamanca sacaba de su imprenta granadina el «Arte para ligerame[n]te saber la le[n]gua arauiga» y el «Vocabulista arauigo en letra castellana», libros ambos de fray Pedro de Alcalá, personaje de quien solo se conoce lo poco que declara y se infiere en los prólogos y notas de estas obras.

Fraile de la orden de los Jerónimos, ya de una edad, en los setenta, de lo que se deduce nacido en torno a 1455. Tal vez nacido u ordenado en Alcalá, después de muchos trabajos, obligaciones e impedimentos era confesor de Hernando de Talavera: quien fue primer Arzobispo de Granada y al que se dedican los libros como protector y mecenas.

Se especula con su origen: los pocos datos biográficos, su dominio de la lengua árabe viva, lo suponen de origen morisco. Sabemos por los trabajos sobre su figura, que las obras estaban compuestas en 1501, pero que el diseño de los caracteres árabes, presentaba una dificultad complicada para las imprentas. De manera que esta se retrasó hasta finales de 1504. Sin embargo, en manos de Juan Varela, los ejemplares estaban listos el 5 de febrero de 1505.

El texto, se presenta a plana entera y a dos columnas, impreso en letra gótica a dos tamaños. Presenta en cada una de las portadas un grabado xilográfico del escudo de armas, con la dignidad eclesiástica, de Hernando de Talavera, en cuyo centro figura rampante el león de San Jerónimo. La parte dedicada a la traducción y transliteración, de la oración y la misa al árabe se destaca por el uso de dos tintas:

La imprenta con tipos móviles, ha encontrado diversas dificultades y oposiciones, de carácter religioso y estético en el mundo árabe hasta época muy reciente. Seguramente estos de Fray Pedro son los primeros libros en que apareció la lengua árabe impresa en caracteres tipográficos, probablemente tallados en bloques de madera. En la década siguiente a estas impresiones granadinas, comenzarían a aparecer los primeros libros impresos en árabe, que se realizarían en Italia.

La obra de Alcalá se contextualiza en el momento posterior a la toma del Reino de Granada y a su integración en la Corona. Su propósito es pragmático, enfocado en la conversión, planteando la idea de presentar la doctrina cristiana en lengua árabe. Resultando, sin embargo, de ello, una obra pionera, por su simplicidad de manejo, didáctica y fundamental, y el testimonio de un dialecto andalusí de una lengua árabe, viva, interferida con las lenguas peninsulares y en uso en el momento.

No deja de ser notable la impresión de esta obra pionera. Juan Varela de Salamanca (ca. 1476- Sevilla, ca. 1555), se revela, entre 1504 y 1508, al servicio del Arzobispo Hernando de Talavera, como una figura fundamental en los primeros tiempos de la imprenta en España. Varela, no se limitará a la impresión de letras árabes, además incorpora imágenes de calidad e ilustraciones a los libros.

Los ejemplares están ilustrados con capitales grabadas y ornamentos. En el verso de las portadas presentan un grabado xilográfico a toda página con – posiblemente – el autor, entregando la obra a Fray Hernando de Talavera, en pose feudal y a cada lado un eclesiástico, que sostienen uno la cruz arzobispal y el otro el báculo pastoral.

Al final del primer libro figura un grabado xilográfico del rey David tocando el arpa enmarcado en una orla:

El segundo termina con un escudo de los Reyes católicos, también en marco:

Contiene además en colofón la marca de impresor o empresa.

Marca de impresor granadina de Varela, en la que se lee el lema: DNS [DOMINUS] MICHI [MIHI] ADIVTOR: NON TIMEBO QVID FACIAT MICHI [MIHI] Hº [HOMO]. [«El Señor es mi ayuda, no temeré lo que me haga el hombre”]

Por los ejemplares conservados parece que, aunque cada parte tiene portada propia y ordenamiento independiente de los cuadernos impresos ( I. sign: a-f8 ; II. sign.: a-z8, A-K8, L6), y aunque se hayan publicado más adelante versiones corregidas independientes, se debieron publicar como obra conjunta. Nuestro ejemplar U/Bc IyR 256, contiene las dos obras, y tal como indica su nota manuscrita en la primera, procede del Monasterio de San Benito el Real, y habrá llegado a la Biblioteca Universitaria, proveniente de las incautaciones derivadas de las desamortizaciones a mediados del siglo XIX.

Las 2 obras se conservan en buen estado, protegidas por una elegante encuadernación mozárabe, con nervios y hierros característicos, restos de cierres metálicos y título decorado con filigrana y color en el canto.

El aval o interés político y eclesiástico del proyecto parece evidente hasta en la iconografía descrita. A la muerte del Cardenal Mendoza (+1495), Fray Hernando de Talavera pasa a ser confesor de Isabel la Católica, y consejero de los Reyes. Fue éste quien aconsejó a la reina que encargase la Gramática a Nebrija, y quien impulsó la obra de Fray Pedro.

De nuestro lexicógrafo arabista, no sabemos más, ni siquiera cuándo y dónde murió, sin embargo podemos asegurar que el Vocabulista es el primer diccionario bilingüe castellano con una lengua viva. Y que el Arte, además de ser obra pionera en la historia del libro impreso, es una de las fuentes más importantes para el conocimiento del árabe hablado en la España de fines del medievo.

Para saber más:

Cuesta García de Leonardo, María José : El arzobispo Talavera, el gramático Alcalá y el impresor Varela. Granada, 1503-1505, en Ars bilduma, ISSN-e 1989-9262, Nº. 13, 2023, p. 19-36.

Zwartjes, Otto : «Algunas observaciones sobre el Vocabulista arauigo en letra castellana (1505) de Pedro de Alcalá y el Vocabulario español-latino (c. 1495) de Antonio de Nebrija», en Calero et al. (eds.): Métodos y resultados actuales en Historiografía de la Lingüística, Münster, 2014, p. 753–762.

Nobleza de la espada: ciencia, arte y experiencia de Lorenz de Rada

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En el curso de los trabajos de identificación de los Fondos pertenecientes a la Biblioteca del Duque de Osuna, repartidos, tras su compra por el Estado, a fines del siglo XIX, entre la Biblioteca Nacional y las Bibliotecas de las Universidades históricas (entre las que se encuentra la de Valladolid) hemos identificado y digitalizado el manual de esgrima de 1705 de Lorenz de Rada, uno de los más destacados teóricos y defensores de la escuela de esgrima española denominada Verdadera Destreza.

Los libros de la Nobleza de la espada cuyo esplendor se expressa en tres libros, segun ciencia, arte, y esperiencia [sic], cada uno con su portada a dos tintas, se encuentran encuadernados en 2 volúmenes, fueron impresos en la Imprenta Real, por José Rodríguez de Escobar, los dos primeros, y el tercero por Diego Martínez Abad en 1705.

Libro primero, De la ciencia del instrumento armigero espada — Libro segundo, Arte del instrumento armigero espada– Libro tercero, Experiencia del instrumento armigero espada.

La obra se encuentra profusamente ilustrada, por Gregorio Fosman y Medina (1653-1713) con grabados calcográficos y cada uno de los volúmenes acompañado de un grabado alegórico en la anteportada.

Anteportada en Libros I y III

Son impresiones de transición, pues si bien la tipografía y los grabados calcográficos apuntan al estilo neoclásico, los cuadros, capitales, adornos, florones y colofones, muchos de ellos xilográficos, parecen recuperados de muy diversas fases e imprentas anteriores y le confieren una estética más arcaizante.

Francisco Lorenz de Rada (1660 – 1713) según el Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia es el epígono y sintetizador de la escuela de esgrima española Verdadera Destreza. Hidalgo, maestre de campo, Caballero de Santiago, Gobernador en Veracruz y por sus méritos militares nombrado Marqués de las Torres de Rada, practicó, desde muy joven la esgrima y estudió profundamente las aportaciones de los trabajos de Jerónimo Sánchez de Carranza, Luis Pacheco de Narváez y Francisco Antonio de Ettenhard y Abarca. Maestro y estudioso, su «Nobleza de la Espada», se considera el último y más completo tratado de la escuela.

El sistema de esgrima española llamado Destreza era un método de lucha con todo tipo de arma blanca (aplicable a todas las armas, incluyendo espada, daga, espada y broquel, espada a dos manos, etc.) con una base de repetición postural basada en el análisis matemático, y geométrico, y la filosofía y estética clásica que reflejaba la educación renacentista de sus inventores.

Detalle de la anteportada, con las 2 armas típicas del Siglo de oro (la espada ropera y la daga de vela) junto con la armadura y peinado al estilo greco-romano propio de la representación renacentista.

El texto es de carácter histórico y erudito. Lleno de noticias y ejemplos que se pretenden explicar con los grabados. Especialmente en los libros II y III, siendo el primero justificación teórica.

Generalmente se ha considerado la Verdadera Destreza un sistema complejo, teórico y difícil de entender. Durante los siglos XVII y XVIII la disputa de las escuelas de esgrima, generó intensas polémicas, de las que participará activamente Lorenz de Rada. Las descripciones y ejemplos, así como los delirios filosóficos y matemáticos de sus adeptos más fanáticos, han sido utilizados en novelas, relatos y películas. Y con no poca sátira entre otros en la obra de Quevedo, quedando recuerdo de aquellos maestros espadachines que filosofaban teorías y emprendían descripciones detalladas y eruditas sobre ángulos, alcances, proyecciones, compases y círculos.

La República literaria de Diego Saavedra Faxardo

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Para finalizar este año os dejamos la digitalización de la edición de 1788, impresa por Benito Cano en Madrid, de la Republica literaria de Diego Saavedra Fajardo.

Diego de Saavedra Fajardo (Algezares, Murcia, 6 de mayo de 1584-Madrid, 24 de agosto de 1648), fue un brillante prosista, erudito y diplomático de dilatada experiencia en las cortes europeas. Destacó como autor político, tratadista de la estirpe de Maquiavelo, con una obra en las claves estético simbólica de los emblemas de Alciato (aunque no pocas veces reniegue de ambos como campeón católico). Es especialmente recordado por las ediciones latinas y castellanas de la «Idea de un príncipe político-cristiano en cien empresas«.

Retratos de los españoles ilustres : con un epítome de sus vidas (Madrid: Imprenta Real, 1791). Nº 38. U/Bc 00565

Su República Literaria fue también obra bien sucedida y admirada, tanto por su contenido como por su estilo. Es esta de Cano, una edición en octavo, profusamente anotada y prologada, con noticias biográficas, grabado y dedicatoria al Conde de Campomanes e ilustraciones calcográficas de Joseph Ximeno, que reincorpora el escrito satírico del desengañado, cosmopolita y erudito autor murciano a la corriente ilustrada, cuando ya el concepto de República literaria se encuentra plenamente consolidado y sus habitantes en ebullición.

El estilo cuidado, el espíritu crítico, racionalista, contrario a las modas y ático de Saavedra Fajardo encaja perfectamente en las propuestas y mundo en reforma de los ilustrados del siglo XVIII. Así lo indica la nota biográfica que acompaña a su retrato entre los Ilustres:

La obra es una pieza humorística, de advertencia filosófica, o llamada al orden, dentro de los gustos clásicos y reflexión libresca, imbuida de espíritu barroco trentino, desde los gustos y florilegios personales. Por una parte nos encontramos ante una demonstración erudita, para justificar pensamiento y preferencias filosóficas, artísticas y literarias, por otra nos topamos con una muestra del desencanto intelectual, resuelto en forma anecdótica e irónica.

Obra póstuma, fue publicada por primera vez en Alcalá en 1655. Elaborada por el autor hasta 1642, la obra tuvo una redacción primera (hacia 1613-1620). Nos ha llegado en dos versiones, la primera, parte de la impresa tras la muerte del autor y la segunda, de la manuscrita, de la redacción anterior, más burlesca, con notables divergencias textuales, que fue descubierta a fines del siglo XVIII por Pedro Estala.

Conoció varias ediciones, en destaque la incluida en la obra completa publicada en 1681, en Amberes, en Casa de Juan Bautista Verdussen; y especialmente en el siglo XVIII: fue publicada por Juan Zuñiga (Madrid, 1735); por Ángela de Apontes (Madrid, 1759); en Valencia, por Salvador Faulí (1768), en edición preparada y prefaciada por Gregorio Mayans y Siscar a la vista de la copia manuscrita de un original que obraba en su poder. Siguiendo esta, fue posteriormente publicada en Valencia, por Benito Monfort (1772) y en Madrid, en la Oficina de D. Benito Cano (1788 y 1790) con prólogo de D. Francisco Ignacio de Porras, Canónigo y Catedrático de Griego. En el XIX destacó la de Rivadeneyra, en su La Biblioteca de Autores Españoles; el texto crítico, fijado comparando las ediciones se debe a Vicente García de Diego (Madrid, 1922).

Aunque reelaborada varias veces después de recorrer mundo y pasar copiada de mano, es obra de juventud. Publicada póstuma, sorprende el contraste ante su obra más conocida. Podríamos decir, que lo que transparenta no es al experimentado y grave diplomático metido en su oficio y papel de educar príncipes, sino más bien al recién licenciado salmantino, rebosante de ingenio y sarcasmo, que aun tiene presente todas las lecturas canónicas, con sus comentarios, marginalias, el formalismo de los gramáticos, retóricos y la palabrería vana de los doctores indoctos y de falsa erudición.

Aunque antierasmista (lo mismo que en sus otras obras) se percibe el modelo e impacto de Erasmo. Su forma es la propia del viaje onírico con guía, perfectamente enraizada en la tradición latina y humanística, de la que nos hemos ocupado con anterioridad.

La expresión «República de las Letras» (Res Publica Litterarum or Res Publica Literaria) se originó, en su forma latina, en el siglo XV. Se considera su formulación en una carta de Francesco Barbaro a Poggio Bracciolini, fechada el 6 de julio de 1417. Sin embargo, el concepto es probablemente romano o griego, con los predentes de Platón, Luciano, Cicerón. En su desarrollo renacentista, y reasumido en el siglo XVIII es el ideal cultural europeo: la suma de las disciplinas y los saberes humanísticos y especialmente la idea de la comunidad, de la elaboración y transmisión de un código, valores, lenguaje común científico desarrollado, en la comunicación epistolar, en la crítica y noticias de novedades, en las primeras obras colectivas y más tarde en las enciclopedias y revistas científicas.

La «República Literaria» de Saavedra, se conforma en este contexto como obra juego al estilo del Sueño de Escipión, de la Utopía de Moro, del Elogio de la Locura de Erasmo y de la Comedia dantesca, avanzando a Swift, pleno de clasicismo y sutil en la burla.

Con la escusa del sueño producido por las lecturas pesadas se emprende viaje a la polis de las artes y las letras, en compañía de Marco Varrón, caballero romano, polígrafo y bibliotecario erudito, representante del buen gusto, al que el autor toma como guía.

Empieza el trayecto señalando que por suerte los campos próximos tienen remedios para la el dolor de cabeza (el eléboro) y para ayuda de la memoria (anacardina). Se pasa así a una descripción que hará reír a los estudiosos de las artes del libro y la fabricación papelera: «Aviendo llegado a la ciudad reconocí sus fosos, los cuales estavan llenos de un licor escuro; las murallas eran altas, defendidas de cañones caño­nes de ánsares y cisnes, que disparaban balas de papel. Unas blancas torres servían de baluartes, dentro de las cuales levantaba la fuerza del agua unas gruesas vigas, cuyas cabezas batiendo en pilones de mármol gran cantidad de pedazos de lienzo, los reducían a menudos átomos i recojidos éstos en zedazos cuadrados de hilo de arambre, i enjutos entre fieltros, quedaron hechos pliegos de papel, materia facil de labrar i bien costosa a los hombres ¡Qué ingeniosos somos en buscar nuestros daños! «

Las puertas se aparecen adornadas de frontis­picios y de columnas dóricas entre las que se hallan los nichos de las nueve musas. En los arrabales exteriores se hallan las viviendas y obradores destinados a las artes aplicadas y mecánicas, a la escultura, arquitectura y pintura, en ellas viven mezclados griegos, romanos, renacentistas y pocos españoles (Apeles, Fidina, Mi­guel Ángel, Velázquez).

Por todas partes se asiste a contiendas, disputas debates, en una constante de reducción al absurdo, y sucesión de anécdotas tomadas de los clásicos y sus biógrafos. Las descripciones y adjetivos son de impulso pantagruélico, de burla a las artes, las letras y a las ciencias falsas, a los detalles ridículos de la vida diaria de los sabios y filósofos, a las polémicas de las escuelas, esquemas que repetirá a lo largo de la obra.

Así irá entrando en la propia ciudad, empezando la descripción por las puertas y aduanas donde descargan de acémilas los libros, algunos tan pesados como vacíos de contenido. Y sin parar mucho, comienza a describir sus barrios, repartidos por oficios académico intelectuales.

Aparecen en las páginas todos los filósofos de la Antigüedad. Y recorre todo el canon literario del humanismo: Dante, Petrarca, Juan de Mena, Santillana, Ausias March, Garci-Laso, Camões, Boscán, Diego de Mendoza, Cetina, Ercilla, Luis de Góngora (el Marcial Cordovés), Bartolomé Leonardo de Argensola, Lope de Vega.

Entre los gramáticos, de los que se burla haciéndolos porteros, destaca a Nebrixa y al Brocense.

Insiste en la enseñanza del latín, en su dominio y estudio que debe ser como el de cualquier otra lengua y la importancia de que haga en la infancia. Desfilan todos los autores clásicos, historiadores, las grandes bibliotecas antiguas, los grandes colegios y también la falsa ciencia de alquimistas, adivinadores, filosofastros.

Los líricos se presentan en un locus amoenus: reúne a Homero, Virgilio, Tasso, Camões, lauredos; junto con Lucano, Ariosto, Horacio, Catulo, Píndaro, Petrarca, Argensola, Lope, Eurípides, Seneca, Plauto, Terencio, y a Juvenal, Persio, Marcial, y Góngora que todo lo anotan.

Si la nobleza de la ciudad son los grandes artistas y hombres de ciencias y letras que han alcanzado fama y prestigio, la plebe con sus oficios y tenderos son los demás letrados. Por todas partes se reúnen los talentos de la antigüedad y algunos modernos, pero en conjunto predomina, en el tono y descripciones, la burla y el contraste ingenioso para dejar patente la chifladura de las escuelas, doctores, gramáticos y vidas.

Se revela en sus preferencias el Canon del hombre de orden, el ideal del caballero renacentista y paladín católico. Especialmente cuando se refiere a los equilibrios sobre la maroma que realizan Alexandro Alés y Scoto, a los que Erasmo imita, solo para caer al suelo entre las entre risas de la gente.  

Se refiere de las vidas y obras de los grandes filósofos y historiadores de Platón a Xenofonte y al gran rey don Alonso, llamado el sabio que, estudiando la corona de estrellas, perdió la suya.

De todo da cuenta: lo mismo critica a los filósofos impiedosos y ateistas (Diágoras, Epicuro, Teodoro) que alaba a los referentes de la Historia Natural (Plinio, Aldrovando, Gesnero); a los Matemáticos y geómetras (Diógenes, Arquímedes, Pitágoras) a los tratadistas (Scipio Africano, Terencio), médicos como Vesalio o Galeno; juristas, artistas célebres y ridículos, mezclándolos con bajos gramáticos (una y otra vez porteros) y con los críticos a los que da oficio de barberos, no solo por las graves barbas que se cuidan, sino porque desfiguran los rostros de todos los escritores con sus comentarios.

Es especialmente curioso el contraste de la visión de esta república que se sucede entre Demócrito, que se ríe de todo lo absurdo, de lo ciegos y vulgares que son los hombres de letras y ciencias, y la de Heráclito que llora y se lamenta ante lo mismo.

Es de mucho provecho esta obra, para la comprensión de la cultura humanística del siglo XVI, y para el entendimiento de los fondos posibles de una Biblioteca académica de su tiempo. Además porque introduce con humor y fina crítica literaria, informaciones curiosas sobre algunos científicos, artistas y literatos. La obra constituye un inteligente resumen y síntesis del canon clásico que desde el Renacimiento domina la formación del escolar. Raro es el libro o autor citado en la obra de Saavedra que no pueda encontrarse en las Bibliotecas de las que podrían nutrirse un colegial salmantino o vallisoletano.

Por si fuera poco no solo es legible, sino plenamente vigente. No deja de ser curiosa la coincidencia con el hoy, ante el desengaño y desconcierto del mundo, esa sensación de malestar barroco, en un tiempo de crisis, y ante la vorágine que ha producido la imprenta, que provoca esa esa queja contra la sobreinformación inasumible, con que se abre el texto en sus primeras páginas y como constante recorre la obra hasta su final. Esa protesta contra los muchos autores vanos y libros de escasa doctrina y nulo valor, la burla ante la necedad de los filósofos, la cara humana y vulgar de los grandes y la soberbia de los doctores, la pedantería de los críticos y la rigidez de los gramáticos.

Sucédense, pues, para deleite del lector curioso, anécdotas y páginas brillantes impregnadas de una profunda melancolía ante la imposibilidad de volver a las pocas y más puras fuentes de doctrina y verdadera erudición.

Colofón con firma del Ilustrador Joseph Ximeno.

El meme como emblema de la postmodernidad

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A propósito del XV Congreso de la Sociedad Española de Emblemática y la Exposición paralela «Qvod non vides» con libros del Fondo Antiguo de la Biblioteca Histórica de Santa Cruz, es inevitable pensar cómo también hoy en día nos servimos de la imagen para transmitir ideas, humor o conceptos arduos de plasmar solo con texto, por aquello de que una imagen vale más que mil palabras.

Permítannos que, como Jano, el dios bifronte de los romanos, observemos el futuro volviendo la vista atrás para encontrar nuestro propio reflejo en el pasado y descubrir que los clásicos nunca pasan de moda y que, ¡oh sorpresa!, no hay nada nuevo bajo el sol.

Jano, dos rostros Júpiter te ha dado
Y miras lo pasado, y venidero.
Por delante te muestras mesurado
Y burlas por detrás de lo primero.
Por qué de esa manera te han pintado?
¿Acaso es porque el hombre sabio entero
Ha de ser tal que mire justamente
Lo por venir y lo presente?

Los memes como epítome de la posmodernidad, describen la realidad a través de códigos que solo son comprensibles desde la contemporaneidad, materializando una cultura popular que bebe de las redes sociales y de un consumo acelerado de productos culturales.

En este sentido están muy alejados de aquellos emblemas que, pensados como instrumento de formación ética, moral y/o religiosa, estaban orientados a un público minoritario, el que tenía acceso a los libros (“Idea de un príncipe político cristiano representada en cien empresas” de Saavedra Fajardo es solo un ejemplo de título muy revelador).

El meme toma una imagen para descontextualizarla y darle un sentido humorístico o crítico. Es, por tanto, heredero informal del emblema aunque, más que moralizante (pueden darse casos puntuales), la intención sea básicamente satírica.

Fue Richard Hawkins quien acuñó el término “meme” en 1976, en su libro “El gen egoísta”. Como analogía del gen, y el proceso de replicación del ADN, el meme se replica (viraliza) y multiplica a través de Internet.

En 2018 la Rae aceptó el término «meme» en el “Diccionario de la lengua española”, que lo define como “Imagen, video o texto, por lo general distorsionado con fines caricaturescos, que se difunde principalmente a través de internet” o “Rasgo cultural o de conducta que se transmite por imitación de persona a persona o de generación en generación”.

Al igual que los emblemas, los memes también son capaces de explicar la complejidad moral, social y política del mundo actual encapsulada en una imagen, habitualmente acompañada de un texto corto, solo el necesario para terminar de explicar el concepto.

Pero no son solo un producto humorístico, sino que transmiten un imaginario que hemos asimilado de forma más o menos consciente y que explica toda una industria del consumo y comunicación donde, a día de hoy, es más importante la forma de transmisión que el contenido mismo.

La Biblioteca Nacional como preservadora y custodia del Patrimonio cultural y documental en Internet conserva los memes a través de su Archivo de la Web Española, donde también tienen cabida esta especie de “ephemera digitales”.

Con el permiso de Alciato, Saavedra y demás emblemistas ilustres, presentamos aquí una equivalencia visual entre estos dos géneros para traer al presente este lenguaje olvidado y descubrir las sorprendentes conexiones entre el Barroco y la Postmodernidad.

Borja, Juan de, Conde de Mayalde y de Ficallo. Empresas morales. En Brusselas : por Francisco Foppen, 1680. Signatura: BU 09939

N.B. *Hecho con inteligencia humana

«Quod non vides» Emblemática y Paraemblemática en la Biblioteca

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Con motivo del XV Congreso de la Sociedad española de Emblemática, que se celebra en Valladolid a comienzos del mes de noviembre de 2025, se organiza una exposición, con los fondos de la Biblioteca histórica de la Universidad de Valladolid, de interés para los especialistas en la literatura emblemática y de la cultura visual.

La iniciativa parte del GIR y UIC «Arte, poder y sociedad en la Edad Moderna»  y han colaborado en ella: Patricia Andrés González , Jesús F. Pascual Molina, Álvaro Pascual Chenel, Isabel Escalera Fernández , Julio M. Cubero Bujance, Guillermo del Olmo Ramiro, Lucas Rodríguez Fernández, Irene Sobrino Tejo, Laura Paredes Rubio.

Con el título de «Qvod non vides», utilizado en una de las empresas de la custodia de Juan de Arfe para la catedral de Valladolid, se juega con el significado de la influencia causada por la literatura emblemática en el aprendizaje y los recuerdos, al tiempo que se ponen en relieve los fondos de carácter emblemático y de sus aplicaciones de la biblioteca Histórica de la Universidad de Valladolid.

  • La exposición virtual irá reuniendo los ejemplares, juntando a las imágenes, una breve descripción, enlace a catálogo Almena y en su caso a las digitalizaciones, para su consulta o descarga a través del Repositorio UVaDoc.

>>ENLACE A LA EXPOSICIÓN VIRTUAL >>

  • La exposición física reunirá una selección de los ejemplares más interesantes de la colección y estará expuesta en las vitrinas de la Biblioteca entre el 6 de Noviembre y el 30 de mayo de 2026.

Emblemática y paraemblemática

La emblemática fue uno de los lenguajes visuales más característicos del Renacimiento y del Barroco. Nacida de la confluencia entre la palabra y la imagen, entre la erudición humanista y la invención artística, aspiró a expresar —a través de una estructura que, con sus variantes, se compone de lema, pictura y epigrama— la complejidad moral, teológica y política del mundo. Su historia recorre más de dos siglos de cultura europea, desde las primeras recopilaciones de jeroglíficos hasta las grandes enciclopedias simbólicas del siglo XVIII.

Alciati, Andrea (1492-1550). Omnia Andreæ Alciati V. C. Emblemata: cum commentariis quibus emblematum detecta origine, dubia Omnia… Parisiis: In officina Ioan Richerii: sumptibus Francisci Gueffier in via D. Ioannis Laterane[n]sis…, 1608. Signatura: U/Bc BU 09172

Esta exposición recoge los fondos de la Biblioteca Histórica de la Universidad de Valladolid, sita en el antiguo Colegio de Santa Cruz, fundado por el Cardenal Mendoza a fines del siglo XV, y del que salieron algunos de los personajes más relevantes de la historia hispánica.

Por ello, la biblioteca que conserva los libros de cuando pertenecía al colegio y otros que se fueron adquiriendo con posterioridad, contaba con obras de la literatura emblemática, género presente en la formación de juristas, religiosos, futuros gobernantes durante la Edad Moderna.

Una parte de esos fondos de literatura emblemática están formados por libros procedentes del antiguo colegio jesuita de San Ignacio. Pero también los hay procedentes de la biblioteca del Convento de San Francisco, uno de los centros religiosos más destacados de la ciudad.

QUOD NON VIDES

La exposición se articula en seis secciones que permiten seguir la evolución del lenguaje emblemático desde sus orígenes hasta su plena madurez en la cultura barroca.

En primer lugar, se aborda el origen de la emblemática en el jeroglífico, donde el redescubrimiento de los símbolos egipcios durante el Renacimiento despertó la fascinación por la imagen como depositaria de un saber oculto y moral. A partir de ahí, la emblemática moral muestra cómo, con Alciato y sus continuadores, el emblema se convirtió en un instrumento de formación ética, uniendo la belleza visual con la enseñanza de las virtudes humanas.

La siguiente sección está dedicada a la emblemática religiosa, que trasladó este lenguaje al ámbito de la fe y la devoción, transformando el símbolo en vehículo de contemplación espiritual y expresión de la experiencia mística.

A continuación, la emblemática política revela cómo las imágenes alegóricas sirvieron para legitimar el poder monárquico y las instituciones religiosas, convirtiéndose en una poderosa herramienta de propaganda y reflexión moral.

La quinta sección se adentra en el mundo de la divisa, donde lema y pictura adquieren valor personal y cortesano como signos de identidad, ingenio y distinción.

Finalmente, la emblemática aplicada muestra cómo este lenguaje simbólico trascendió el libro para impregnar la enseñanza, la arquitectura, las artes y la vida cotidiana, convirtiéndose en una auténtica gramática visual del pensamiento barroco.

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Esta no es una exposición terminada, pues nace con la voluntad de ir incorporando en ella otros fondos ahora no incluidos.

Marca del impresor Luis Sánchez, establecido en Madrid y Valladolid U/Bc 06046

V Jornadas de Gestión del Patrimonio Bibliográfico

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Las Jornadas de Gestión del Patrimonio Bibliográfico REBIUN celebran su quinta edición del 16 al 17 de abril de 2026 en Barcelona. Después de las universidades de Castilla-La Mancha (2017), Santiago de Compostela (2019), Valencia (2022) y Sevilla (2024), este año tendrán su sede en la Universidad de Barcelona.

Organizadas por el Grupo de Trabajo de Patrimonio Bibliográfico de REBIUN, nacieron con la vocación de servir de foro para la presentación y el debate entre especialistas de diferentes instituciones sobre los diversos aspectos de la gestión de las colecciones patrimoniales y especiales en bibliotecas, y están dirigidas a profesionales del ámbito de bibliotecas, archivos, restauración, documentación, investigación, mercado editorial y a todas las personas interesadas en la gestión del patrimonio bibliográfico.

Desde hoy está abierto el plazo para presentación de propuestas de comunicaciones, que acaba el 4 de noviembre de 2025.

El día 2 de enero de 2026 se abrirá el plazo de inscripción.

Las jornadas se organizan en torno a las siguientes líneas temáticas, pudiendo incorporarse otros temas relacionados con la gestión del patrimonio bibliográfico:

  • Gestión de la colección
  • Conservación y restauración
  • Bibliotecas patrimoniales: Humanidades digitales e Inteligencia Artificial
  • Digitalización, preservación y bibliotecas digitales
  • Difusión de las colecciones
  • Formación y oportunidades laborales
  • Procedencias y otras singularidades de los ejemplares

Toda la información sobre el evento se encuentra en la web de las jornadas:  https://www.rebiun.org/workshops/v-jornadas-de-gestion-de-patrimonio-bibliografico/inicio que se irá ampliando a medida que se decida el programa, los patrocinadores y otras informaciones prácticas.

La Constitución de Cádiz, ejemplar del fondo Osuna (U/Bc 00757)

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El ejemplar U/Bc 00757 de la Biblioteca Histórica de Santa Cruz de la UVa, es un volumen en folio, bellamente encuadernado, en tafilete rojo, con cantos y cortes dorados, que contiene La Constitución de Cádiz, aprobada el 19 de marzo de 1812.

Parece tratarse de una variante de la impresa en Cádiz, por la imprenta Real, en ese mismo año de 1812. Se diferencia de la versión usada como referente, por la variante de portada y por contener en ella un grabado:

En el ejemplar de la Biblioteca de Santa Cruz, antes del texto y portada, figura una dedicatoria impresa a Pedro de Alcántara Álvarez de Toledo y Salm-Salm, XIII Duque del Infantado y en ese momento Presidente de la Regencia del Reino. Dedicatoria impresa firmada «Por el Regente de la Imprenta Real» Ventura Cano:

Las encuadernaciones neoclásicas presentan variantes:

Las guardas y motivos de los cantos, también son diferentes.

En el ejemplar la de la Biblioteca histórica de Santa Cruz, verso de la primera hoja de guarda, figura encolada una etiqueta en rojo y letra dorada de su encuadernación, también realizada en Cádiz: «P. (?) GARSI LO ENCUADERNO CADIZ»

Conocemos que el ejemplar, por la anotación a lápiz azul de la 4 hoja de respeto, proviene del reparto de la Biblioteca del Duque de Osuna:

En este caso, por lógica, procedería de la Biblioteca del Infantado (integrada con su título en la Casa de Osuna a la muerte del XIII duque). Biblioteca que tras la muerte del fabuloso personaje que fue Mariano Téllez-Girón, con su endeudamiento, ruina y pleitos y tras ser comprada por el Estado, se repartió, a través del Ministerio de Fomento entre 1882 y 1893, entre la Biblioteca Nacional, la del Senado y las de las Bibliotecas universitarias.

En el tercer centenario del nacimiento del impresor Joaquín Ibarra y Marín (1725-2025)

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Grabado para la ed. de la Academia del Quijote cc ij

El arte del libro y de la imprenta, en España, conocerá un momento de esplendor en la segunda parte del siglo XVIII. Bajo los designios renovadores y gustos clásicos de Carlos III, se produce una evolución autónoma en el marco del Siglo de las luces. Una orientación ilustrada, que se plasma en los talleres de la Imprenta Real, en los talleres de Antonio Sancha, Benito Monfort y en el de Joaquín Ibarra, tal vez el más representativo.

Nacido en Zaragoza un 19 o 20 de julio de 1725, Joaquín, era sobrino de Antonio Marín y hermano menor de Manuel Ibarra, probablemente maestro y discípulo, con los que se iniciaría en el oficio. Primero con su hermano, en Cervera, con el que permaneció hasta 1742; año en que se trasladó a Madrid, donde posiblemente continuase su aprendizaje en casa de su tío y hasta 1753, cuando montó su propio negocio en la calle Urosas.

En sus inicios tuvo problemas con la justicia, que se prolongaron por más de una década, y que a punto estuvieron de acabar con su carrera, a cuenta de impresiones realizadas sin las debidas licencias, derechos y tasas. Ya asentado, imprimió para la Compañía de Mercaderes de Libros desde 1758 a 1763; fue socio de ella desde 1759 y participó desde su fundación de la Real Compañía de Impresores y Libreros. En 1766 trasladó su taller a un local mejor en la calle de la Gorguera, próxima a la Puerta del Sol, la calle Carretas y la Carrera de San Jerónimo, área que reunía las mejores librerías de la capital.

Marca de la Real Compañía de Impresores y Libreros del Reino U/Bc 08892

La organización de este taller sirvió de modelo para la Imprenta Real y la de la Real Compañía de Impresores y Libreros del Reino. Fue impresor de Cámara de Su Majestad, del arzobispado primado de Toledo, del Ayuntamiento de Madrid, de la Real Academia Española y del Supremo Consejo de Indias. Sin embargo se le considera el gran innovador del arte de la imprenta en España, que todavía en la década de 1750, una vez perdido el dominio de las imprentas internacionales de los Pases Bajos e Italia, permanecía supeditada a los talleres locales, dominados por un estilo arcaizante, sujetos al uso y mezcla de tipografías anticuadas.

Con una de las más importantes imprentas del reino en su época (en un inventario de 1770 contaba ya con catorce prensas, y en sus últimos años alcanzaría las veinte y unos cien operarios) creó escuela – como Guttemberg – y desarrolló una filosofía completa de la imprenta. Colaboró con el editor Antonio Sancha, antes de que este estableciera imprenta propia, imprimiendo entre otras obras los primeros volúmenes del Parnaso Español. De su taller saldrían algunos de los grandes impresoras de principios del siglo XIX: Miguel de Burgos, Rafael Sánchez Aguilera y Juan José Sigüenza y Vera. Este último, en 1811, siguiendo las notas y consejos de su maestro, publicó el primer manual de tipografía española: “Mecanismo del Arte de la Imprenta”.

Aunque empleó tipografías en uso, Ibarra destacó por el reaprovechamiento de las fundiciones romanas en composiciones de gran limpieza y el equilibrio clásico en las planas, combinado con tintas de calidad y papeles cuidados que definen un estilo de impresión absolutamente neoclásico, de modelo académico. En 1931 la Casa Richard Gans, de Madrid, encargó a Carl Winkow, la apertura de unas matrices tipográficas para la conmemoración de los 50 años de la empresa, diseñados para el libro homenaje «El Maestro Ibarra». A partir de varias de esas fundiciones, se elabora la tipografía Ibarra que constituye el punto de partida de la leyenda, estudiosmodelos informáticos precursores y de rediseños digitales recientes.

Monograma en marca de impresor de Joaquín Ibarra U/Bc 02371

Cuidó la fabricación del papel, estudió los procesos para su blanqueo y satinado, fabricaba tintas excelentes por su durabilidad y brillo según fórmulas propias, perfeccionista, pasaba el día en el taller revisando los trabajos y buscando nuevas soluciones a los problemas.

Joaquín Ibarra falleció el día 13 de noviembre de 1785. Quedó como regente de la imprenta su discípulo Rafael Sánchez Aguilera. La empresa sobrevivió bajo la dirección de su viuda (Manuela Contera) y posteriormente de sus hijos (Joaquín Hilario Antonio, nacido en 1757, Joaquina Estefanía, nacida en 1758, y Manuela, 1768 ). Posteriormente, los hijos mayores se separaron de su madre y su hermana pequeña, y se asociaron al impresor Gerónimo Ortega, mientras que aquellas siguieron al frente del taller, hasta su liquidación en 1836.

Entre su producción se singularizan:

La conjuración de Catilina y la guerra de Yugurta (1772), de Cayo Salustio, U/Bc 01938

y la edición de la Real Academia Española de El Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1780) de Miguel de Cervantes, de la que ya nos hemos ocupado en este blog.

Otras ediciones destacadas fueron:

La historia general de España (1779-1780), del padre Mariana,

U/Bc 02867 y U/Bc 02868

Paleografía española (1758); U/Bc 11677 y U/Bc BU 06537

U/Bc BU 06537

Historia de las plantas (1762) U/Bc BU 05815, U/Bc BU 05816, U/Bc BU 05817, U/Bc BU 05818, U/Bc BU 05819

Breviarium Gothicum Secundum Regulam Beatissimi Isidori (1775) U/Bc 02956

el Viaje de España, de Antonio Ponz U/Bc BU 11646 – 11655, continuada por su viuda e hijos

y los 4 tomos de la Bibliotheca Hispana Nova y Vetus (1783-1788), de Nicolás Antonio U/Bc BU 00038, U/Bc BU 00039, U/Bc BU 00040 y U/Bc BU 000 41 (los 2 volúmenes de la Nova, impresos por Ibarra como Tipógrafo Real, en 1783 y los de la Vetus, ya por sus sucesores en 1788):

Sin contar hojas volantes, bandos, avisos, etc. se calcula que el total de la producción de la Casa Ibarra serían alrededor de 2.500 impresos (Whitehead. 1980). Son hoy muy codiciados y reconocibles los libros de Ibarra, por su equilibrada estética neoclásica, por su papel de calidad, la elegancia de las planas y la tipografía, especialmente bella en las cursivas, letras largas y mayúsculas.

Con motivo de este tricentenario hemos reunido una subcolección virtual de los ejemplares impresos por la Familia Ibarra, existentes en la Biblioteca Histórica de Santa Cruz.

Peregrinaciones oníricas: Ypsilon como encrucijada alegórica

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En 1646, Pedro Cabrera, impresor de ascendencia sevillana, imprime en Lima (Perú) un libro titulado: Sueño de Antonio Maldonado en carta al Rey Nuestro Señor: Felipe el Grande en Jerusalén.

(U/Bc BU 09786)

Se trata de una obra del género “sueño”, una fantasía con base o escusa onírica escrita con el propósito de anunciar, proponer, justificar o explicar elementos de carácter histórico, político o moral. El volumen combina la estructura clásica del sueño de revelación, utilizada por Cicerón en el Somnium Scipionis y la de la alegoría del viaje infernal con guía, de la Divina Comedia de Dante. Maldonado aprovecha esta doble tradición para introducir una serie de advertencias, reflexiones morales y doctrinales que dirige al Rey Felipe IV.

En sus capítulos se narra el viaje onírico, primero al infierno, y posteriormente a los cielos y a la ciudad de Dios, Jerusalén. Esta peregrinación alegórica discurre en la compañía de dos guías: el Demonio, que se aparece al autor en forma de serpiente y la Verdad Divina, personificada en una doncella.

La ilustración en portada, contiene en un medallón, rodeado de un marco floral cuadrado al que rodean a los lados las palabras de San Pablo: *obsecra, increpa,* *oportune, et inoportune».* (ep. 2.Tim 4:1-8) y en la superior las del salmo «Viam iniquitatis amove a me – viam veritatis elegi» (Ps. 118: 29-30) , «Vias tuas domine demonstra mihi» (Ps. 24, 5) y primer verso de un conocido motete.

En el centro, un Ypsilon, su rama derecha, termina en una cruz y nubes, en ella se lee «coelum.» ; la izquierda en la que se lee .sunrefni (inversión de infernus) baja hasta una representación de la boca del infierno. Al pie del símbolo figura: «Letra, de Pitagoras.»

Dicha letra es símbolo de esta escuela. Para los pitagóricos, siguiendo al filósofo de Samos, el ser humano se enfrenta constantemente a un dilema y en especial durante su juventud: elegir entre vicio y virtud; elegir entre los apetitos de los sentidos y el desarrollo de la mente; entre la búsqueda del éxito terrenal y la sabiduría. Este dilema se representa por la letra Ypsilon, en ella la línea más ancha, la línea de la izquierda, representa el camino del vicio. La línea más estrecha, la línea derecha, representa la virtud.

Elio de Nebrija y sus hijos adoptarían el Ypsilon como símbolo:

U/Bc BU 08031 y U/Bc 11950 (marcas de imprenta de Sebastián y Sancho de Nebrija, Granada)

El tema del sueño en la literatura satírica, moral o política tiene una larga tradición. Está presente en las narraciones más antiguas de todas las culturas. Como advertencia o aviso, los sueños fueron desde antiguo elementos alegóricos que muchas veces necesitan ser interpretados por profetas, magos, oráculos, brujas, hechiceros. Uno de los ejemplos más conocidos es el del Sueño de Nabucodonosor en el Libro de Daniel (cap.2). El volumen del Beato de Valcavado (U/Bc Ms 433), junto con el Apocalipsis de S. Juan, incluye el libro de Daniel. Obra que por sus características – aunque mantenga independencia de estilo, incluso en las miniaturas, – se concibió como parte del mismo volumen y se encuentra asociado a éste por su temática simbólico-alegórica y de revelación (con fuerte carga onírica).

El sueño de Nabucodonosor : el ídolo de pies de barro (fol. 195v.)

El sueño de Nabucodonosor : el ídolo de pies de barro (fol. 195v.)

El festín de Baltasar (fol. 204r.) ; Visión de Daniel : el carnero y el macho cabrío (fol. 211v.)

Tanto el sueño de Nabucodonosor, como el episodio del banquete de Baltasar y la visión de Daniel son elementos muy conocidos de un texto muy influyente como ejemplo de alegoría de la corrección, advertencia o admonición de los poderosos.

Otro de los grandes precedentes es el Sueño de Escipión, de Cicerón, perteneciente al fragmentario libro De República. En esta obra, durante el sueño, Escipión el Africano se aparece a su nieto, Escipión Emiliano, para entablar un diálogo sobre los méritos y virtudes de los antiguos romanos en contraste con su tiempo. El fragmento del Sueño, que servía como epílogo o conclusión del libro de Cicerón, se transmitió por separado, lo que permitió que se haya conservado completo.

Su principal vía de transmisión fue a través del Comentario de Macrobio, cuya interpretación filosófica y moral fue referencia para numerosos escritores de la Antigüedad, la Edad Media y la Modernidad (Boecio, Casiodoro, Isidoro de Sevilla, Dante Alighieri).

Macrobio: In somnium Scipionis expositio, iuxta textum Ciceronis. Saturnalia. Venetiis: a Philippo Pincio Mantuano, 1500 U/Bc IyR 332 (1)

Juan Luis Vives publicó su propio comentario al sueño en 1520, que dejaba obsoleto el texto de Macrobio, en un momento en que las ediciones de Cicerón se multiplicaban y eran ampliamente difundidas por la naciente prensa.

Io. Lodovici Vivis Valentini Operum, Basileae : Apud Iacobum Parcum, impensis Episcopis Iunioris, 1555 U/Bc 07803-4

Probablemente imitándolo, aunque de carácter más satírico, es el relato de temática artúrica del El sueño de Rhonabwy, relato Galés de los siglos XII-XIII, en él un caballero del legendario rey Madoc, se tumba a dormir en una piel de vaca en una extraña casa y termina viajando a la época de Arturo, describiendo lo que ve y comparándolo con el pobre presente. Además del rico contenido y la descripción de armas, ropas, cabalgaduras y colores es una obra, que por otra parte plantea la circulación y adaptación de los clásicos grecolatinos en las literaturas célticas.

Y es que el artificio fue ampliamente utilizado, el viaje, el diálogo y aprendizaje del alma en el sueño es una variante que ha tenido gran tradición literaria. Dante, usaría la misma excusa onírica, lo que le permite salvar críticas y temas escabrosos para la Iglesia, para introducir la idea del viaje del alma, en un contexto plenamente humanístico, guiado por Virgilio, por los diferentes niveles del infierno.

Danthe alighieri fiorentino historiado/ [comento di Christophoro Landino; reuista et eme[n]data per … maestro Piero da Figino], Impressa in Venetia: per Bartholomeo de Zanne da Portese, 1507. U/Bc IyR 154

En la península, desde la obra de Bernat Metge Lo somni (1399) a los diversos sueños de Quevedo podemos rastrear este género, casi siempre, con intenciones políticas. El dilema o los casos ejemplares ante los que se presenta una elección y a los que se ofrece una explicación o solución, es otra de las variantes más ricas que entronca con el género: es la esencia de los textos sapienciales, que se interconectan en las diversas tradiciones literarias, para educación o aviso de príncipes: los relatos Bíblicos y la cuentística hebrea, los textos clásicos quintaesenciados en la Ilíada y Odisea, con sus secuelas romanas; los relatos célticos y los artúricos franco-bretones, los textos de la tradición oriental de las Mil y una noches y los apólogos árabes como los famosos relatos de Calila et Dinma, que entroncan con la tradición hispánica iniciada en El conde Lucanor, y seguido en la Celestina, los relatos picarescos e incluso los entremeses y novelas cervantinas.

D. Juan Manuel : El conde Lucanor, edición de Gonzalo Argote de Molina, Sevilla, 1575. U/Bc 09067

El frontis con que se abre el U/Bc BU 09467, Idea principis christiano-politici centum symbolis expressa. (Excudebat Ioannes Mommartius, suis, et Francisci Vivieni sumptibus, 1649), de Diego Saavedra Fajardo, reproduce esa imagen del camino del joven príncipe como formación o elevación hacia el honor y la inmortalidad. En él, el príncipe, de armadura, pisa sobre el vicio para iniciar la abrupta vía celestial entre alegorías y personajes históricos, mitológicos y bíblicos acompañado por Hércules, que le indica el camino.

El joven Hércules, también está relacionado con el viaje y aprendizaje del alma, sus guías, el símbolo Ypsilón y la bifurcación como dilema. En su juventud al héroe, se le aparecen en sueños dos mujeres. Una de ellas, que representa el Vicio le propone un camino fácil, lleno de placeres; la otra que representa la Virtud le propone un camino difícil que requiere esfuerzo y perseverancia, pero que le llevará al honor. El camino del honor le dará la estima de los dioses y hará que sea recordado por siempre. Por esto, no pocas veces, Hércules se representa en una encrucijada.

Annibale Carracci : Hércules en la encrucijada (Ercole al bivio), 1596 óleo (Wikipedia)