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Fuego negro sobre fuego blanco: el libro en su día

22 miércoles Abr 2026

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conversación, Día del Libro, Gabriel Zaid, impresores e imprenta, nube, Roberto Calasso, Sabiduría, tradición

Gabriel Zaid, en cualquiera de las reescrituras de aquel fenomenal ensayo que son Los demasiados libros, define una cultura viva como conversación y coloca al libro en ella, en su justo papel de motivo o agente. Deja aparte la estadística, la producción, el absoluto de los números de tirada, edición, público, soportes, canales y venta prevista, reestructurándolos para presentarlos como lo que son: como elementos periféricos, propios del mundo comercial y la lógica del capitalismo. Y sitúa el libro a respecto de la lógica comunicativa humana y en las dimensiones del ámbito de la conversación, del acto intelectual del lector.

A través de La conexión inifita, libro que refleja una mesa redonda pública entre Donna Haraway y Ursula K. Le Guin, sabemos que la idea, probablemente está ya en Tolstói quien había resuelto en la pregunta que se hacía en forma de libro ¿Que es el arte? (1897), que el arte es comunicación.

Umberto Eco, en la voz de Guillermo de Baskerville introduce la idea de que los libros hablan siempre de otros libros, que por unos autores llegamos a otros y de ellos vamos infiriendo ideas que nos sirven para llegar a otras, reconstruir elementos perdidos o descifrar mensajes a primera vista ocultos.

Por su parte, y para proseguir el diálogo, Roberto Calasso inicia su no menos enciclopédico ensayo I libro di tutti i libri con una muy sugerente interpretación de la sabiduría en la tradición judeo-cristiana de la que bebe el humanismo. Reflexión esta que nos permite abrir las puertas al conocimiento.

La biblioteca Histórica de la Universidad de Valladolid se reformó a principio del Siglo XVIII. De su fundación, gótico-renacentista, conserva las puertas originales, de alrededor de 1490, atribuidas al retablista y escultor Alejo de Vahía. Cada una de las hojas, en su parte interior, que se expone en un cuidado efecto al abrirse, es un pequeño retablo.

Desde esas puertas góticas, Santo Tomás y San Agustín parecen justamente, como porteros custodios, abrir las puertas al saber.

Debajo, en el panel central, de cada puerta hay dos cisnes de cuello coronado con filacterias alrededor en las que se pueden leer casi borrados por el tiempo y las muchas manos los versículos de Juan 1.1 en la Vulgata: Verbum erat / apud Deum.

El verbo (las palabras), el conocimiento está junto a Dios, recuerdan las puertas que se abren. El simbolismo es bastante evidente: para entrar en un lugar del saber, en la casa de la sabiduría (siguiendo además el lema de la UVa basado en Proverbios 9.1. Sapientia ædificavit sibi domum excidit columnas septem) y más sutilmente, por la presencia de la palabra de Dios, Tomás y Agustín, diríamos del conocimiento en su sentido académico y reglado.

El inicio del evangelio de Juan («In principio erat Verbum, et Verbum erat apud Deum, et Deus erat Verbum.» (Vulgata. Ioannes 1.1) ha sido profusamente interpretado y su traducción a lenguas modernas ha suscitado, y suscita, interesantes reflexiones teológicas y algunas polémicas cristológicas. La versión Reina-Valera, 1960 del versículo traduce: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios».

El motivo del debate se centra en el matiz de la palabra Verbum. El término original griego era Logos (λóγος) que a su vez tiene varios matices de significado. Suele traducirse de distintas formas: «habla», «palabra», «razonamiento», «argumentación», «discurso» o «instrucción». También puede entenderse como: «inteligencia», «pensamiento», «sentido». Suele traducirse, en lenguas romances, como Verbo (por la traducción del latín: Verbum). Logos es pues la palabra en cuanto meditada, reflexionada o razonada, es el origen de la filosofía, del conocimiento, del saber.

Consideremos además que la griega logos es la propuesta de traducción, interpretación o adaptación, de un concepto de la tradición judía con sus matices y tradición cultural subyacente. La Torá («instrucción, enseñanza, doctrina») en su forma escrita como compilación de los primeros cinco libros de la Biblia hebrea, Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio a la que se suma la tradición oral de la interpretación.

Siguiendo a Calasso, la Sabiduría (que comprende la Torá: la ley, la tradición oral…) es una de las siete cosas que existían antes de la creación del mundo. Así, la Torá fue creada antes de la propia creación, así se lee, también en los Proverbios (8:22-26), y usada como plano para la Creación. Además, en la tradición judía, la sabiduría se encuentra con Yahvé, en su regazo y permanece junto a él.

Por otra parte, esta tradición cultural (de la que bebe el cristianismo primitivo y aún después de su formulación trentina subyacente) se conforma como un universo centrado en el Libro. Pues la palabra es sagrada, por cuanto ha sido transmitida por Dios/Yahvé a los hombres y la palabra toma la forma y es el libro.

La metáfora de la Torá (la palabra de Dios, o en su sentido amplio, la sabiduría, el Logos/Verbo) escrita con fuego negro sobre fuego blanco es bellísima; e ideal para hacernos percibir el valor, los niveles, el conjunto textual, paratextual, peritextual, los matices, la tradición. En nuestro caso nos evoca un pulido pergamino o un buen papel artesanal sobre el que se han fijado las más pulcras y brillantes tintas. De Poggio Bracciolini a Joaquin Ibarra, pasando por el mismísimo Guttemberg, la atención a la belleza y legibilidad de las letras y a la fijación del negro de tinta sobre excelente soporte ha definido la historia de la imprenta y por tanto del conocimiento.

Y, si la sabiduría está junto a Dios y emana de Dios, también y no pocas veces se presenta con él y como su aliento, en forma de nube. Nubes de las que emerge una mano simbólica y activa tal y como se han reflejado también en diversas marcas de impresor de carácter emblemático a lo largo de la historia:

U/Bc 09346
U/Bc BU 06091
U/Bc 07803

U/Bc 03053
U/Bc BU 09523
U/Bc BU 09696
U/Bc 12415
U/Bc 05973
U/Bc 07645
U/Bc 12545

U/Bc BU 05723
U/Bc 02345
U/Bc 06046
U/Bc BU 05810
U/Bc BU 08182

La nube como representación del misterio, de la presencia y pacto de Dios, de su inspiración e intervención, como fuente del conocimiento, sugiere también (desde la misma tradición) la centralidad de la curiosidad en la idea de la sabiduría. En el judaísmo y en el humanismo, la sabiduría se entiende -más que por la capacidad de acumular conocimiento y erudición – por la aptitud para la curiosidad, por el deseo de hallar y explorar ideas, nuevos conceptos y perspectivas, para ir más allá de lo que se haya alcanzado previamente.

El sabio es, por tanto, el que aprende de todos, el que sabe preguntar y va desvelando los secretos. Y de eso se trata en la educación, especialmente en la tradición judía y en el humanismo socrático: en desarrollar la capacidad de formular preguntas.

Así pues, como escolares, abrimos puertas para encontrar preguntas, nos elevamos – para ver más lejos- sobre hombros de gigantes y dialogamos: por una parte con la tradición, conservada –Verba volant, scrīpta mānent – en forma de palabra escrita; por otra aprendemos a partir de descubrimientos previos; preguntamos para saciar nuestra curiosidad y para descubrir nuevos caminos. Leemos libros.

U/Bc 08663

Por terminar en círculo, volvamos a Zaid y su ensayo en el Día del Libro. Los libros son palabras, voces, conversaciones antiguas o modernas que nos impactan. Los libros son preguntas y respuestas que llegan a la interlocutora adecuada para conmoverla y hacerla actuar, reaccionar, y que a su vez arrastran palabras, libros y voces en ellos que sirven para continuar e impulsar esta conversación en todos los tiempos, o mantener un diálogo interminable.

La conversación, el diálogo, y más en estos tiempos de falsas inteligencias, es una actividad característica de los seres humanos. Los libros sirven para descubrir afinidades, a través de estas permiten reunir una biblioteca personal o institucional. Las bibliotecas, o partes de ellas, son a su vez mensajes, grandes o pequeñas conversaciones, debates y guerras, tertulias que se prolongan en el tiempo y se reúnen con otras, para formar a lo largo de la historia las grandes bibliotecas.

Zaid nos transmite, con tantos antes, la idea de la centralidad del libro que llega a manos de cada lectora, de este diálogo profundo que se establece. Pues no necesitamos tanto entender los números y volúmenes de la imprenta y negocio editorial, ni reflexionar a respecto una producción impresa que aspire y se compare con otras, tampoco necesitamos miles de libros a la moda, ocupando nuestro tiempo: lo que necesitamos son unos pocos libros, mensajes que estimulen la curiosidad y prolonguen la conversación, que nos hagan leer, profundizar en las palabras, su tradición y etimología y nos obliguen a preguntar y preguntarnos, como Erasmo, Montaigne o Francisco Sánchez …

Que sais-je? Quid? Qui suis-je?

El Arte para ligeramente saber la lengua arábiga y Vocabulista arábigo en letra castellana (1505)

23 lunes Feb 2026

Posted by Biblioteca Histórica in Marcas de Impresores, Tipografía

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Hernando de Talavera, impresores e imprenta, Juan Varela de Salamanca, lengua árabe, Monasterio de San Benito el Real, Pedro de Alcalá

Entrando la primavera de 1505 Juan Varela de Salamanca sacaba de su imprenta granadina el «Arte para ligerame[n]te saber la le[n]gua arauiga» y el «Vocabulista arauigo en letra castellana», libros ambos de fray Pedro de Alcalá, personaje de quien solo se conoce lo poco que declara y se infiere en los prólogos y notas de estas obras.

Fraile de la orden de los Jerónimos, ya de una edad, en los setenta, de lo que se deduce nacido en torno a 1455. Tal vez nacido u ordenado en Alcalá, después de muchos trabajos, obligaciones e impedimentos era confesor de Hernando de Talavera: quien fue primer Arzobispo de Granada y al que se dedican los libros como protector y mecenas.

Se especula con su origen: los pocos datos biográficos, su dominio de la lengua árabe viva, lo suponen de origen morisco. Sabemos por los trabajos sobre su figura, que las obras estaban compuestas en 1501, pero que el diseño de los caracteres árabes, presentaba una dificultad complicada para las imprentas. De manera que esta se retrasó hasta finales de 1504. Sin embargo, en manos de Juan Varela, los ejemplares estaban listos el 5 de febrero de 1505.

U/Bc IyR 256 (1)
U/Bc IyR 256 (2)

El texto, se presenta a plana entera y a dos columnas, impreso en letra gótica a dos tamaños. Presenta en cada una de las portadas un grabado xilográfico del escudo de armas, con la dignidad eclesiástica, de Hernando de Talavera, en cuyo centro figura rampante el león de San Jerónimo. La parte dedicada a la traducción y transliteración, de la oración y la misa al árabe se destaca por el uso de dos tintas:

La imprenta con tipos móviles, ha encontrado diversas dificultades y oposiciones, de carácter religioso y estético en el mundo árabe hasta época muy reciente. Seguramente estos de Fray Pedro son los primeros libros en que apareció la lengua árabe impresa en caracteres tipográficos, probablemente tallados en bloques de madera. En la década siguiente a estas impresiones granadinas, comenzarían a aparecer los primeros libros impresos en árabe, que se realizarían en Italia.

La obra de Alcalá se contextualiza en el momento posterior a la toma del Reino de Granada y a su integración en la Corona. Su propósito es pragmático, enfocado en la conversión, planteando la idea de presentar la doctrina cristiana en lengua árabe. Resultando, sin embargo, de ello, una obra pionera, por su simplicidad de manejo, didáctica y fundamental, y el testimonio de un dialecto andalusí de una lengua árabe, viva, interferida con las lenguas peninsulares y en uso en el momento.

No deja de ser notable la impresión de esta obra pionera. Juan Varela de Salamanca (ca. 1476- Sevilla, ca. 1555), se revela, entre 1504 y 1508, al servicio del Arzobispo Hernando de Talavera, como una figura fundamental en los primeros tiempos de la imprenta en España. Varela, no se limitará a la impresión de letras árabes, además incorpora imágenes de calidad e ilustraciones a los libros.

Los ejemplares están ilustrados con capitales grabadas y ornamentos. En el verso de las portadas presentan un grabado xilográfico a toda página con – posiblemente – el autor, entregando la obra a Fray Hernando de Talavera, en pose feudal y a cada lado un eclesiástico, que sostienen uno la cruz arzobispal y el otro el báculo pastoral.

Al final del primer libro figura un grabado xilográfico del rey David tocando el arpa enmarcado en una orla:

El segundo termina con un escudo de los Reyes católicos, también en marco:

Contiene además en colofón la marca de impresor o empresa.

Marca de impresor granadina de Varela, en la que se lee el lema: DNS [DOMINUS] MICHI [MIHI] ADIVTOR: NON TIMEBO QVID FACIAT MICHI [MIHI] Hº [HOMO]. [«El Señor es mi ayuda, no temeré lo que me haga el hombre”]

Por los ejemplares conservados parece que, aunque cada parte tiene portada propia y ordenamiento independiente de los cuadernos impresos ( I. sign: a-f8 ; II. sign.: a-z8, A-K8, L6), y aunque se hayan publicado más adelante versiones corregidas independientes, se debieron publicar como obra conjunta. Nuestro ejemplar U/Bc IyR 256, contiene las dos obras, y tal como indica su nota manuscrita en la primera, procede del Monasterio de San Benito el Real, y habrá llegado a la Biblioteca Universitaria, proveniente de las incautaciones derivadas de las desamortizaciones a mediados del siglo XIX.

Las 2 obras se conservan en buen estado, protegidas por una elegante encuadernación mozárabe, con nervios y hierros característicos, restos de cierres metálicos y título decorado con filigrana y color en el canto.

El aval o interés político y eclesiástico del proyecto parece evidente hasta en la iconografía descrita. A la muerte del Cardenal Mendoza (+1495), Fray Hernando de Talavera pasa a ser confesor de Isabel la Católica, y consejero de los Reyes. Fue éste quien aconsejó a la reina que encargase la Gramática a Nebrija, y quien impulsó la obra de Fray Pedro.

De nuestro lexicógrafo arabista, no sabemos más, ni siquiera cuándo y dónde murió, sin embargo podemos asegurar que el Vocabulista es el primer diccionario bilingüe castellano con una lengua viva. Y que el Arte, además de ser obra pionera en la historia del libro impreso, es una de las fuentes más importantes para el conocimiento del árabe hablado en la España de fines del medievo.

Para saber más:

Cuesta García de Leonardo, María José : El arzobispo Talavera, el gramático Alcalá y el impresor Varela. Granada, 1503-1505, en Ars bilduma, ISSN-e 1989-9262, Nº. 13, 2023, p. 19-36.

Zwartjes, Otto : «Algunas observaciones sobre el Vocabulista arauigo en letra castellana (1505) de Pedro de Alcalá y el Vocabulario español-latino (c. 1495) de Antonio de Nebrija», en Calero et al. (eds.): Métodos y resultados actuales en Historiografía de la Lingüística, Münster, 2014, p. 753–762.

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